¿Y De Qué Va "Tick, Tick... Boom!"?

“Cages or wings, which do you prefer? ask the birds. Fear or love? Baby don’t say the answer. Actions speak louder than words” (Larson, 2001). 

Llevaba días sin sentir algo genuino. Llevaba meses sintiendo una pesades que no me dejaba avanzar, que me impedía verme a mí misma… todo parecía (y era) una bruma. Cuando reflexionaba, ni siquiera podía encontrar en mi “yo del pasado” una referencia acerca de lo que verdaderamente era yo. Todo lo percibía (y percibo) construido, amoldado para la aceptación de las demás personas. Nada de lo que veía era algo que sintiera propio. 

El dolor y la tristeza me carcomían, lo hicieron (¿y lo hacen?) por dos años en los que manejé mi vida en un vaivén de ráfagas de energía y recaídas. Cuando todo parecía marchar de maravilla, no podía faltar ese momento en el que sentía como las ganas de levantarme se iban. Me era (y me es) difícil salir de ellos, pero poco a poco veo como mis fuerzas regresan. 

Lo anterior lo expongo porque quisiera dejar en manifiesto que la pérdida más dolorosa que he tenido, hasta este punto de mi vida, ha sido la pérdida de mí misma, del personaje que me había construido para poder afrontar mi cotidianidad. 

Hace unos días decidí ver, en compañía de una parte de mi familia, en la ciudad y la casa que me vio crecer, “Tick, Tick... Boom!”, ¿La razón? Uno de mis actores favoritos estaba nominado a los Golden Globes por interpretar a Jonathan Larson... y porque realmente deseaba ver la película que ayudó a Andrew Garfield a sobrellevar el dolor de haber perdido a su madre. 

Sin saber que se trataba de un musical, le di “play” en la televisión principal de la casa. Los minutos corrían, la película no lograba capturar del todo mi atención y las personas de mi familia que estaban reunidas en el comedor para verla poco a poco se fueron yendo para hacer otras actividades. Yo continuaba viéndola porque aún tenía la curiosidad del por qué había sido tan aclamada. 

Tal vez no me estaba pareciendo tan buena porque no soy tan adepta de los musicales o tal vez porque -sinceramente- no había escuchado de Jonathan Larson ni de sus obras teatrales (a pesar de sus grandes entregas, como lo es “RENT”); pero lo que me mantuvo siguiendo la historia fue el poder observar cuanta determinación y resiliencia había en Jon para seguir sus sueños, para hacer en el mundo lo que le apasionaba, incluso cuando nadie llegase a entender qué es lo que quería expresar a través de su monólogo.
 
Las dificultades se presentan en su vida: Hay que pagar una renta vencida; el trabajo en el que está no le permite cubrir todos sus gastos; hay complicaciones en su relación amorosa porque hay sueños, caminos y tiempos distintos; sus amistades comienzan a atravesar dificultades de las que él no se entera por estar inmerso en la complejidad de su propio mundo… y, la mayor, tiene una gran presión por el tiempo contado que todas las personas tenemos. 

A sus casi 30 tiene que encontrar una manera de no perder la fe en sus sueños ante un escenario que le reclama usar su talento en un escenario utilitario, como el negocio de la publicidad, o darse por vencido ante lo casi imposible, que sería ser un dramaturgo que lograra ver sus obras en Broadway.

La película seguía y se veía a Jon tratando de terminar la canción principal de su obra, pero, a pesar de su habilidad por hacer de todo una canción, procrastinaba cada vez que podía y se podía percibir que estaba en un estado de bloqueo. Verme reflejada en ello cuando se está intentando hacer algo importante, es fácil de hacer, y no quisiera aludírselo, pero sé que lo que hay detrás de ello es miedo, miedo a que algo no sea tan bueno como esperamos que lo sea, si será… suficiente. 

Si la primera hora con cuarenta minutos fue un poco complicada de seguir, el resto de la película, para mí, fue algo extremadamente significativo: Jon logra hacer una canción que transmita su sentir, pero lo que no logra es llevar esa obra a una puesta en escena. Ante ello, Jon le pregunta a su representante “¿Qué sigue?”, a lo que ella responde: “Crear y crear otra obra, hasta que una de ellas sea la que llegue a Broadway -porque- de eso se trata ser un dramaturgo”. 

Me parece que esto es algo que ejemplifica una parte de lo que trata la vida: Intentar e intentar, una vez y otra vez, cualquiera de las cosas que se nos lleguen a presentar, sabiendo que el seguir intentando no se reduce a alcanzar metas impuestas socialmente (a menos que ese sea nuestro deseo), sino que, día con día, habrá situaciones de las que no sea tan fácil salir, cosas que queramos a las que no sea tan fácil de llegar. Lo ideal (desde mi perspectiva), no es omitir la dificultad de vivir o restar todo el sentido dejando nuestra vida en lo absurdo. A la complejidad hay que reconocerla como algo natural e inherente a la vida, tomarla y hacer algo con ella.  

Sin saberlo, los días de Jon estaban contados. Murió a sus 35 antes del ensayo final de la puesta en escena de una de RENT (obra que se mantuvo en Broadway por 12 años). 

Al terminar de ver la película, dimensioné lo grandiosa que era y la manera tan simplista en la que la había encasillado al estar acostumbrada a ver películas que tienen como único objetivo el entretener y lucrar con ello. Esta adaptación cinematográfica me había enseñado acerca de la vida, de la pasión, del tiempo, de la amistad, del amor, de la perseverancia y, lo más importante, me había dado la oportunidad de ver mi proceso de recuperación de una forma más amigable al enseñarme acerca de las pérdidas y las despedidas.

Día con día intento salir del estado emocional en el que estoy, ya no en presión como antes, sino en amor hacia mí misma, porque verme en la cama, inmóvil, no llena las ganas que tiene mi alma de correr, bailar, cantar, conocer… de vivir. Siento que mi esencia poco a poco regresa y ver a Jon preocupado por el tiempo que transcurre, me recordó el reloj por el cual algunas personas sentimos presión: el reloj de nuestra vida (y otras vidas). 

¿Qué haremos con ella?, ¿Lograremos ver lo que deseamos?, ¿Nuestro sentido es lo suficientemente fuerte para enfrentar una vida que por sí misma no lo tiene? ¿Tenemos tiempo suficiente para sanar, para amar, para reír, para llorar o para gritar?... La última pregunta me la respondió Andrew G. 

En una entrevista, le preguntan, precisamente, cómo le ayudó el hacer esta película a enfrentar la muerte de su madre, y quisiera recuperar tres puntos nodales de su respuesta, en traducción: 

1. “El duelo significa algo hermoso. Significa todo el amor que no pudimos expresar. El duelo se quedará con nosotros por siempre porque nunca tenemos suficiente tiempo con las personas que amamos, sin importar cuántos años estés con las personas. Espero que este duelo se quede conmigo, porque es todo el amor que no le pude expresar a mi mamá, a pesar de que todos los días le dijimos cuánto la queríamos”. 

2. “Esta película muestra este reloj que todos tenemos, todos sabemos que la vida es sagrada y es corta, y por ello todos debemos estar aquí, abrazándonos y estando para nosotros lo más que se pueda”. 

3. “Tanto mi mamá, como Jon, eran artistas, guerreros del arte, sabían del poder del arte y sabían del poder de dejar el mundo mucho más hermoso de cómo estaba cuando lo encontraron”. 

De la primera parte recupero que nunca tendré tiempo suficiente, siempre habrá miles de cosas que querré expresar, que sentiré o que querré sentir. Pero el que no sea suficiente no quiere decir que no sea algo por lo que valga la pena seguir y que el dolor no es siempre sinónimo de negatividad (sin romantizarlo). 

La segunda parte creo que puede resumirse en que este es solo un camino por recorrer, lleno de subidas y bajadas y, sin afán de ser inconsciente de las realidades complejas que cada persona atraviesa, creo que habrá espacios en los que podamos parar para admirar algo de la vida, y esos espacios habrá que procurarlos para nosotras/es/os mismas/es/os, y para los demás. 

La tercera, se complementa con la segunda. Las personas siempre enfrentaremos situaciones adversas, el mundo está lleno de ellas. Algunas las hemos construido y de otras hemos sido parte al ser indiferentes, respecto a  estas dos últimas, en términos de lo que esté a nuestro alcance, Jon -a través de su historia- y Andrew -a través de su interpretación- brindan la oportunidad de que algunas personas nos acerquemos cada vez más a nuestra humanidad, que no dejemos de lado el camino que queremos recorrer, que dejemos atrás las críticas a los modos de enfrentar las adversidades que tienen otras personas, que llevemos siempre con nosotros lo que nos caracteriza, porque, por más largo o corto que sea nuestro tiempo aquí, el impacto que tenemos en este mundo nunca podrá ser pequeño.

 A pesar de que no lleguemos a ver nuestro monólogo o nuestra obra maestra en una puesta en escena, nuestra vida influye en lo que nos rodea. Jon influye hoy en mí al permitirme reconocer que es posible enfrentar a un mundo lleno de desesperanza, que quiero intentar diariamente salir de la jaula para ir por las alas... las alcance o no, no quiero darme por vencida. 

Larson, J. (2001). Louder Than Words [12]. En Tick, tick... BOOM! (Original Cast Recording). RCA Records. 

Por: Jesica Orduño Franco

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