¡Ayúdame!

Ayúdame, ayúdame a salir de aquí.
 
Estoy en un lugar donde no hay puertas ni ventanas, no sé si es de día, de noche o si ya va a amanecer; siempre hay oscuridad. 

Esa oscuridad que te absorbe, que da miedo, que te dice que estás solo.  ¡Ayúdame! ¡Ayúdame, por favor! Quiero salir de aquí, quiero correr y escapar pero no hay salida. Tengo miedo de que esto sea eterno. 

Caigo en un rompecabezas interminable. Muero de dolor y soledad cada día. No sé cómo pedir ayuda, no hay nadie a mi alrededor. Por favor, ayúdame. ¡Ayúdame! Si un día me ves existiendo, muriendo lentamente en vida, por favor, ayúdame, no sé cómo decirle a los que me quieren que ya no puedo. 

Que ya no sé que estoy haciendo. No creas que estoy mal de la cabeza. No me apartes de ti. No soy fuerte, estoy roto por dentro, cada parte de mí se encuentra en el sitio equivocado. Necesito ayuda pero no sé cómo pedirla. 

Tengo miedo de avanzar y que eso sea malo, pero tengo más miedo aún de quedarme aquí para siempre. ¡Ayúdame! Por favor, ayúdame, yo solo no puedo. 

La vida se figura como un ser extraño e indescifrable, algo que parece acabar contigo cada día a cada hora, solo te digo que recuerdes que no estás solo. No olvides que hay alguien a tu lado que quiere que seas tú y que no tengas miedo. 

Pide ayuda ahora, di lo que está pasando contigo, háblalo. Hoy escribo aquí que, si necesitas un ser humano que te escuche puedo ser yo, pero si lo que en verdad necesitas es sanar heridas del pasado, te puedo ayudar a que pidas ayuda. 

Vivir es un regalo; vivir con miedo nunca ha sido opción. 

Ayúdame a ayudarte. 

No tengas miedo.

Por: Jennifer Nicole García Méndez

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